Leo a través del Libro Blanco del Software Libre una escalofriante historia de cómo la BSA ha castigado al fabricante de cuerdas de guitarra Ernie Ball por tener instalado software de Microsoft sin licencia.
Por lo visto se trataba de ordenadores antiguos reciclados. Ernie se debía haber encargado de formatear el disco duro e instalarlo todo con licencia, pero no lo hizo, le tocó una auditoría, que determinó que el 8% de sus equipos incumplía licencias, y se tradujo en un multazo de 65.000 $, más los costes de los abogados, otros 35.000 $.
La parte alegre de esta historia es que esto le ha servido a Ernie para darse cuenta de que para que sus empleados usaran paquetes ofimáticos y correo electrónico, no necesitaban atarse con licencias privativas. El cabreo de pagar semejanete multa le ha servido para pasarse a GNU/Linux en todos sus equipos, y convertirse en férreo defensor del software libre, ahora que ve que no tiene virus, licencias ni multas, y que es igual de productivo que antes.
Si es que hay gente que no aprende más que a golpes. Pero bueno, más vale tarde que nunca. Ahora Ernie es otro feliz empresario que se ha pasado al software libre y va cantando la buena nueva.
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